​No somos iguales



Odio a los ricos
.


​Sus problemas no se comparan con los nuestros. Su sentido de urgencia está totalmente distorsionado y la burbuja en la que viven me asfixia. Viven pensando que el trabajo se consigue fácil y que ahorrar el 30% del sueldo es un consejo de vida, cuando para nosotros es una utopía.
Creen en la meritocracia incluso cuando ellos no la ejercen.

​No soy pobre y tampoco soy rica. Soy alguien con mucho rencor y envidia hacia la gente que creció entre lujos. Aunque actualmente mi familia y yo pudimos "salir del charco", crecí en un barrio pobre o lo que ahora llaman "trabajador". 
Todas las casas estaban juntas, los adultos trabajaban como mano de obra en fábricas y los niños no podíamos aspirar a más que la secundaria porque no había nada más en esa zona. No era un lugar rural. Estábamos en esa esquina de la ciudad que todos olvidan.

​Cuando logré entrar a una secundaria en otro municipio, no fue un alivio. Todos mis compañeros eran acomodados y algunos venían de familias influyentes. Luego estaba yo, haciendo una hora y media sola de transporte público para llegar, solo para ver cómo a todos los recogían en autos que parecían valer más de lo que mi mamá ganaba en un año.
​Ellos notaron que yo era diferente desde el principio. No sabía de qué hablar con gente que solo conversaba sobre sus planes de fin de semana, sus clases de danza privadas o el nuevo celular de moda que iban a comprarse. 

Me aislé. ¿Qué más pude haber hecho? Era diferente. No podía presumir ni quejarme de cosas que ni tenía, así que solo me quedaba sentirme insegura mientras ellos hablaban.
​Ni hablar de cómo se expresaban. La mayoría se conocía porque habían ido al mismo colegio privado donde enseñaban inglés y francés desde primaria. En ocasiones me señalaban mientras decían algo en otro idioma y se reían. No era tonta, sabía que se burlaban de mí.

Odio a los ricos, odio sus comodidades y odio su confianza.

​Tal vez saco esto ahora porque el negocio en el que trabajo fue invitado a un evento para vender nuestro producto. Es un lugar donde los clientes reservan con meses de antelación, un sitio al que tal vez nunca logre entrar como clienta por más que trabaje. Mañana estaré ahí observando y recordando la inseguridad que me llenaba de niña.

​A veces vuelvo a ver los perfiles de algunos por el morbo de ver qué tan lejos han llegado en comparación conmigo. Los veo jugando golf, viajando, con negocios propios o ya formando familias. Tengo 21 años y sigo estudiando mi carrera. Trabajo en el negocio de la familia y tengo una buena vida, pero la niña que fui no deja de compararse con ellos.

Comentarios

  1. La manera que los ciega el privilegio me parece casi inhumana, pero algo que me parece enfermarte es como no reconocen el privilegio en que viven, privilegio en como mencionas es envidiable, pero ese privilegio no los debe hacer ignorantes

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