Seis horas de guerra y un calambre en la nalga derecha
Hoy fue un día de esos que empiezan lento. Acompañé a mi hermana al dentista, me comí una torta de jamón y nos cruzamos con un amigo de mi mamá que nos soltó el típico chiste de cómplices: "Yo no las vi y ustedes no me vieron". Hasta ahí, un sábado cualquiera. O eso creía, hasta que se abrió el tablero de Risk. Hay algo fascinante (y un poco aterrador) en los juegos de mesa que tratan de dominar el mundo. La primera ronda fue una humillación total; mi hermano (el mismo del segundo post, solo tengo un hermano varon) me barrió del mapa en tiempo récord. Lo peor no fue perder, sino su media hora de "arrepentimiento" falso mientras yo fingía que no me importaba. En la segunda ronda, que duró cuatro horas y media, cambié de táctica. No busqué alianzas apliqué la de ser totalmente imperceptible (como una serpiente dice mi padrastro) Me mantuve en silencio, acumulando tropas de forma discreta, sin representar una amenaza para nadie, hasta que tuve la cantidad...